miércoles, 9 de septiembre de 2009

LIBRE...SIEMPRE LIBRE

Algunas veces llegan a mi palabras desde lejos, figuras que se me presentan inesperadamente.En un comienzo carecen de rostro pero a poco de ingresar en el caminar de las ideas compartidas se me presentan con su realidad a cuestas y es entonces cuando su imagen y su nombre comienza a sustentarse consistentemente.
Soledad,...un nombre que quizás no sea más que una sofisticada  manera de identificar lo que ocultaba su alma, había alcanzado mi ventana una tarde lluviosa de septiembre.  Su expresión contenía la genialidad de los grandes cerebros y en sus palabras la frialdad que dejan los inevitables desengaños.Me hablaba desde lejos, situada en medio de su paraíso; un mundo casi impenetrable, donde no había si no espacio para los superficiales placeres de la carne que la habían atrapado. Comenzamos a escalar las laderas de esas quebradas que la  habían llevado a las profundidades, trepamos cada muro con recelo y desconfianza, superamos las horas de la noche hasta que por fin las manecillas del reloj se detuvieron. Surgieron entonces los manojos de flores violáceas que habían estado guardados por tanto tiempo entre los bolsillos de su atuendo y una voz nueva, que parecía despertar de un largo sueño, se hizo presente.
Primero mis manos abrieron las compuertas y, en un instante, una avalancha de sentimientos se agolparon irrefrenables en sus labios como un tropel de corceles blancos. Astillaban los portalones de su gran fortaleza con cada arremetida y los carnosos cuerpos de tantas almas parecían quedar repartidos a lo largo de todo el camino.
Antes de comenzar a recorrer los amplios pastizales que se asomaban a su vista detuvo su mirada en la lejanía y,un poco embuída en las leyendas quijotezcas,arremetió con su pensamiento contra tanto molino de viento que se le presentaba imbatible. Traspasó los umbrales del pensamiento, sintió deslizarse la lluvia sobre su tibia piel y vinieron a su memoria rememoranzas de sus viejos recuerdos de infancia. Desfilaron ante su vista los navegantes perdidos, los viajeros errantes, los apóstoles de su enseñanza y , por sobre todo, la incondicional imagen de su hermano. Era él quién le había enseñado a mirar la vida sin permitirse sufrir, era él quién, como un buen soldado de batalla, había enseñado a Soledad a recubrir su mente con altos y sólidos muros de cemento, desconectando su corazón de toda emoción y de todo sentimiento. Ahora era su producto, su clon en cuerpo de mujer, pero antes del amanecer flaquearían sus muros al menos por un instante.
En una encrucijada del camino la vi perderse, corría descontroladamente buscando los placeres de su reino que a poco de andar había reconocido en la  distancia. Le seguí por un momento pero todo fue inútil. Antes de poderla alcanzar había ya penetrado en su fortaleza encadenada, protegiéndose una vez más entre sus enormes muros.Me habló entonces de los conquistadores, de aquellos que  mil veces se habían atrevido a penetrar su territorio en busca de los codiciados tesoros.Intenté penetrar por la puerta principal pero a poco de acercarme toda imagen se esfumó de mi vista como el despertar de un sueño; no había  tal castillo porque  tan solo el espejo de mis sueños lo había colocado ante mi vista como una respuesta a mi esperanza.
Quise intentarlo una vez más, retomé el camino y conduje mis pasos hacia uno de los bordes laterales, miré a mi alrededor y pude entonces comprobar que sus tesoros no eran sino sus paisajes, esas vistas que desde la perspectiva de su mente se aparecían interminables en medio de la inmediatez del tiempo.
Me encontraba ahora allí, de frente al horizonte,seduciendo las  aguas que me pertenecían,aplacando la fuerza del viento que se me presentaba feroz, destituyendo la radiación solar que me abrazaba. De pronto su voz se dejó oír a mis espaldas, me volví súbitamente y pude verla ante mi con una triste sonrisa dibujada en su rostro.Ya  no huía,...sólo sonreía y esperaba quizás la llegada de un nuevo conquitador. Había liberado el simbolismo de sus paisajes creados en ese ,su reino, donde nada era imposible. Había encontrado allí todo lo que necesitaba; esa armonía que sus pasos, tan distantes de lo humano, requerían, sin embargo,aquellas tierras no le habían dejado para si a aquél ser que pudiera comprender sus risas y sus desvelos, la prisa de sus pensamientos ni las luces y oscuridades de su alma.

martes, 8 de septiembre de 2009

ESPEJISMOS

Un pequeño toque sobre una tecla había sido suficiente para penetrar en un mundo que hasta ese instante desconocía.Estaba allí, se aparecía ante mí intenso y secretamente vedado, como no queriendo romper su silencio, como manteniéndose oculto ante mi ojo. Recorrí con la mirada cada punto y cada coma y entre tanto signo encontré al fin palabras y sentimientos cautivadores. Palabras sutiles y profundas emergían de aquél majestuoso río, sensaciones conocidas que, involuntariamente, se atrevían a penetrar cada célula de mi cuerpo. Ya no sé ni quien eras,ese nombre era tan fantasioso como un espejismo en medio del camino. Aún así me sentí impulsada a conocer esa alma que se me aparecía tan genuina y perfecta.Había en esas palabras la transparencia de un cristalino manantial que, efervecentemente burbujeaba ante los latidos dulces de un corazón que sufría. Plasmé en unos segundos mi primera impresión, dejé un testimonio de mi paso sobre esas aguas y luego continué mi marcha, inadvertida, entre tanta música que sonaba a mi paso. Por momentos me sentí  como un náufrago en medio de una isla pero en tan sólo unos segundos me encontré caminando de nuevo sobre tierra firme, anclada una vez más al sociego de mis días taciturnos.
Inesperadamente, aplacada en el silencio de mis días, te vi llegar en una tarde de olvidos y recuerdos; te aparecías ante mi casi inadvertida pero luminosa y sutil como las aguas de aquél manantial que no retrocede ante la avalancha que le sorprende en medio de su noche. Atesorando el silencio, con calma y serenidad, fui penetrando en medio de los sauces y los aromos, recorrí los verdes campos que ofrecías a mi vista, sofoqué tu llanto en mi consuelo y anticipé mi mano para compartir el dulce vino que tu copa sostenía. Entreabrí mis alas e intenté volar sobre tus días pero siempre, inevitablemente, mis alas volvieron a plegarse ante la indiferencia.Comprendí que las almas ocupadas expanden ondas de dolores infinitos, que aveces los gritos impulsados al viento no son más que ahogos que han quedado atrapados como huellas de tantos infortúneos, que las ausencias dejan huellas que jamás desaparecen y que en medio de los días claman para ser resueltas.
Los recuerdos son como una plataforma sólida en medio del vacío; sostienen el cansancio y los desvelos, mantienen a flote los sueños inconclusos y refugian de las inesperadas tormentas. Recuerdo tu voz como la cristalina música que en algún momento me sostuvo, música con silencios y corcheas, notas ocultas y aún no creadas que fueron perdiéndose en medio de tantas esferas que llenaron tu universo. Recuerdo la creación de tu palabra, melódica en medio del ardor mordaz de un sentimiento y del inquietante sopor de un abandono. Recuerdo la danza cortejante de unas aves, una gallina de la pasión que lucía sus colores y extendía sus alas sin lograr inmutar con sus gorgeos. Recuerdo los espejismos creados por mi mente, los reflejos inconsistentes que me impulsaban a alcanzar esa fuente que se me aparecía tan dulce y transparente, espejismos que se perdieron en la aurora y que hoy no son más que recuerdos.
Aprendí a aceptar el intervalo del tiempo,aprendí a separar las aguas y a beber de ellas; dulces aguas de la ribera, salobres aguas del mar. Aprendí a sofocar el sentimiento, aprendí a regocijarme con el perfume de tus bosques de eucalipto y a perderme en medio de los trigales que tan bien describías en medio de tus palabras. Aprendí a conocerte, aprendí a quererte, aprendí a olvidar. Aprendí también a modificar conceptos que habían marchitado mi alma, aprendí que debajo de cada piedra hay un trozo de vida que se niega a morir. Aprendí que en un segundo se transforma el universo y que en medio de la ausencia un espejismo puede ser real.

lunes, 7 de septiembre de 2009

CANSADA DE SOÑAR

Se me habían quedado enredados los sueños entre tanto cemento, se me habían dormido como se duerme todo cada vez que soñamos y, como tantas veces, me había despertado a media noche creyendo escuchar la música que me llegaba desde lejos.Las primeras luces del alba  habían aprendido a saludarme , a encontrarme despierta para invitarlas a mi ronda de juegos, a compartir conmigo una copa de vino añejo y un arrullo silencioso que ya no tenía destino. Ahora, como tantas madrugadas, habían intentado penetrar las paredes  de mi cuarto,taladrando con incesantes golpes cada pensamiento que me invadía pero,en medio de mi perplejo sociego, nada había logrado alterarme.
Recorrí con mi mirada cada grieta escondida entre la techumbre, busqué figuras inadvertidas entre los granos de marmolina que lo recubrían, casi como queriendo encontrar en ellos  los restos moribundos de esas estrellas que tanto me habían iluminado en otros días. Y así, cuajando en mis recuerdos las sensaciones inapelables de mi presente, me detuve en cada espacio que se aproximaba a mi, intentando rescatar las palabras sabias que alguna vez se habían pronunciado; palabras sabias que ya no me lo parecían,... voces torpes, confianzas traicionadas,planes  inconclusos lanzados al viento, interrupciones abruptas e inexplicables, sensaciones de culpa inadecuada,culpas ajenas incrustadas en mi carne como astillas, veloces juicios que no eran más que una pared construída para apartar las santas palabras de las malévolas acciones que me adosaban a la piel.
Entonces, la palabra se me hizo clara,la mirada  viajó en medio de tantos desvelos y, por un momento, se alojó en un recuerdo con sabor a presente.Le vi asomarse a mi ventana  como la primera vez, con timidez inconciente pero con el alma limpia de engaños, sólo que esta vez su voz ya no era la misma; cada silencio, cada  vacío contenía  la estela de la ausencia,...esa estela interminable que llevaba tras si una banda de cantores que no hacía más que burlarse de los sueños que ellos mismos habían ayudado a construír. Los miré con asombro, casi desconcertada, esperando una respuesta pero, en medio de sus irónicos cantos, la soledad se hizo presente lanzando carcajadas ensordesedoras. Había conseguido disuadir al viento y completar el cuadro de la distancia como ese personaje infaltable en toda comedia; se había establecido como la dueña de sus dominios hasta lograr derrumbar cada pilar de esa construcción que alguna vez me había parecido tan sólida. Entretanto, su otra gemela, la ausencia, se había apoderado de mi, abrazándome con la necesidad irreprochable de saciar la sed que consumía mi alma.
Fue en ese instante cuando las luces comenzaron a apagarse y una vez más la oscuridad inundó mi cuarto. Entonces me replegué, mordí mis labios como queriendo exprimir cada gota de sangre y aparté los recuerdos como se abandona todo lo que ya hemos vivido.

lunes, 31 de agosto de 2009

ENTRE TU AUSENCIA

Sedientos labios fraguan mis entrañas
 y alimentan sus brotes con rocío,
pulpa carnosa de sudores fríos,
interminable aliento contenido.
 Te persigo en mis noches como el viento,
 te seduzco,te aligero los pasos ,me comprimo,
 y es tu pupila ardiente la que estalla
como rugiente grito que no calla.
Luego el amanecer me llena de silencios,
 cada palabra duerme la batalla
y es en mi incontenido pensamiento
 donde crece esa voz que nunca calla.
 Se me acerca la aurora,se me instala 
la sobredosis lenta del silencio,
 mirada que no olvido,dulce aroma,
mecer de rosas rojas en el viento.
¿Estarás susurrando tus secretos?,
¿sentirás que te extraño desde lejos?
abro los ojos y es de nuevo el viento
 mi silencioso amigo, mi tormento.

lunes, 24 de agosto de 2009

¿ DÓNDE TE HAZ IDO ?


Alguien está en tu cuerpo y no lo entiendo,





alguien que desconozco está contigo





y aunque intento entenderlo no consigo





reconocer quién eres...





¿ Dónde haz ido ?...





¿ En qué lugar te haz detenido





que ahora con asombro no te encuentro?





Pienso que te escapaste en una noche,





que viajaste muy lejos,





que te quedaste atada en lo profundo





de un camino infinito,





que tú deseo de partir era tan grande





que te negaste a volver pero, no obstante,





otros te llamaban, te lloraban, te imploraban





deteniendo tu inútil despedida.





¿ A quién enviaron para que reemplazara tu presencia,





a quién mandaron ?...





dime quién eres que ya no te recuerdas,





que ya no reconoces mis palabras,





que ya no te conmueve lo que siento.





¡ Que lejana te veo!..., ¡ que distante !,





¿qué burla del destino es la que ríe ahora ?





¿qué insospechada historia es la que veré luego ?





Te miro y me pareces tan radiante,





tan renovada como un libro nuevo,





no hay en ti ni el más mínimo destello





de eso que un día me llenó de miedos.





¡ Apenas me saludas !...





y si lo haces es por cumplimiento,





todo es distinto,hasta tu arraigo es otro,





tus conceptos, tus palabras tan frías, tus silencios.



domingo, 23 de agosto de 2009

LONDRES 38


Había pasado por aquél lugar en incontables ocaciones pero nunca había reparado en él. La calle era angosta,poco transitada y, el solo hecho de recorrerla evocaba imágenes de épocas muy remotas, de aquellos tiempos en que la acera, cubierta de adoquines, soportaba el peso de los coches tirados por una pareja de corceles blancos. Recordaba haber visto en grabados de aquél entonces cómo, las damas de la colonia,viajaban secretamente hacíendo gala de anchos faldones y sofisticados sombreros. Imaginé también al farolero de esos días, encendiendo las lámparas a parafina mientras, el sereno, llevando su farol en la mano, cantaba las horas del día, separando el descanso del amanecer y la calidez de la lluvia.


¿ Hubiese alguien imaginado entonces lo que habría de venir ?...¿ Serían aquellos muros altos y fríos, capaces de abrazar la historia y lanzarla hacia el futuro como si se tratase de un puñado de granos de cebada o de trigo ?


Los tiempos parecían haberse dormido y la historia se había enmudecido como si un sastre le hubiese cocido la boca.


En un principio no pude entender cómo, tantas veces, había pasado por allí sin darme cuenta...cómo mis oídos pudieron estar tan sordos como para no escuchar el clamor de los afligidos; cómo nadie jamás escuchó cuando aún era tiempo,...como los ojos que habitaban en la pared del frente no fueron capaces de contemplar el dolor que de noche y de día traspazaba el ancho portalón de alerce.


Allí todo era blanco, todo simbolizaba pureza, un albor radiante con el que quizás se pretendía purificar las culpas por los horrores cometidos.




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Aquella mañana de Abril había comenzado el invierno y una brisa fría penetraba los poros, como queriendo llegar hasta los huesos. Encaminé mi marcha y me dirigí a esa reunión que cada Domingo nos convocaba en el antiguo templo de San Francisco. Formaba parte de un grupo coral y, últimamente, nos reuníamos allí para cantar la misa dominical., con nuestras blancas túnicas de lino, adornadas con estolas de color verde azulado.Al frente, el conocido hotel Crown Plaza San Francisco recibía nuevos turistas con aspecto nórdico y acento inglés. Poco a poco los coristas fueron llegando y, uno a uno, se fueron integrando a la conversación que sosteníamos los más madrugadores. Afuera de la iglesia se ofrecía café y panecillos con diferente combinación de sabores y, en el portal de entrada, la infaltable florista y el puntual mendigo se presentaban también a su cita con Dios. ¡ Claro que en ellos la relación con Dios era distinta !...lo miraban desde afuera, como esperando verlo salir,en cambio nosotros íbamos a su encuentro, hasta detenernos frente al altar. Desde allí comenzabamos a escuchar las plegarias y las invocaciones de los fieles para después, encaramados en el ático, alabar su supremacía con melodiosos corales.


Antes de ingresar, una joven muchacha que no superaba los veinte años, se acercó respetuosamente a cada uno de nosotros y, junto con entregarnos unos coloridos folletos que anunciaban un evento, nos invitó a conocer lo que fuera una casa de represión y tortura durante el tiempo que duró el gobierno militar en Chile


; reconocida por quienes tuvieron la desgracia de entrar en ella, como un lugar donde el sufrimiento y el dolor de la carne se vivió con más crudeza.


Unos con otros nos miramos, intercambiamos algunos breves comentarios como para no dañarnos, porque...a pesar de que todos los que allí estábamos compartíamos el amor por la música, no participábamos absolutamente de las mismas convicciones ideológicas. Pero ahora, éramos capaces de escucharnos unos a otros y, con respeto mutuo, dialogar acerca de nuestros pensamientos, emitiendo opiniones, sin temor a ser castigados.Habíamos aprendido a tolerar a los otros y, en ellos, a vernos reflejados a nosotros mismos.


Don Luis o Luchito, como se le trataba cariñosamente, era uno de nuestros tenores con más años en el cuerpo. Había vivido su exilio en Venezuela, y no por su voluntad, si no porque se había visto enfrentado a la muerte de sus dos hermanos mayores; unos jóvenes, sindicalistas en aquél tiempo, cuya lucha había desbordado en sangre sus ideales.Los recordó...cogió el prospecto y al ver en sus páginas la foto impresa de ese lugar, calló por un instante y luego, ahogando un sollozo, susurró...¡ LONDRES 38!...Algunos guardamos silecio, sentimos conmoverse nuestros espíritus y, por un momento, llegaron a mi mente imágenes que se habían perdido en el pasado y que, como viejos recuerdos, se negaban a partir.Vi el colegio que me acogió hasta cumplir los diecisiete años y evalué mi conducta de entonces...pude ver la odiosidad que, por esos días, albergaba en nuestros corazones y el desprecio con que mirábamos al que pensaba distinto. Nos habían enseñado a mirar la verdad parados sólamente en una de las veredas , sin ver más allá, sin darnos cuenta de que el sentido de una calle podría ir hacia el frente pero siempre en ella habrían dos bordes: Uno a la derecha y otro a la izquierda del camino. Algunos construirían su casa en la vereda derecha y otros lo harían en la vereda izquierda. El sol cubriría ambos lados y no habría uno mejor que el otro...¿ Siempre sería así ?...Por alguna razón, el que estaba parado en la vereda izquierda debería atravezar a la vereda derecha, ya fuera para pararse a esperar el autobús, para comprar el periódico o para saludar a un amigo. Lo mismo haría el que habitaba en la vereda derecha cuando debiera atravezar a dejar a su hijo en un colegio ubicado en la vereda izquierda. Y así,...al fin, entendí que ambos conceptos eran complementarios, que uno no iba sin el otro y que todos nos necesitábamos porque , de una u otra forma, al haber sido creados habíamos sido colocados en medio de la acera.


En esos momentos cada uno de los presentes cogió el folleto, ya fuera por interés o por una simple curiosidad y, en el interior de las carpetas corales, los ocultos prisioneros fueron acallados por las notas y los silencios de las tantas melodías, exaltándose ahora los cantos de libertad.


Aunque había pasado mucho tiempo, el temor a la equivocación silenció una ve más nuestros labios y así, no permitiéndonos decir...¿ Acompáñame ?...fuimos entrando al templo, con un mejor motivo para la oración.




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El tiempo de la oración había cesado, ahora era tiempo de ir más allá. La inquietud me desbordaba y, por qué no decirlo, era también la curiosidad un factor que me empujaba a caminar hasta allí. Tanto se había dicho acerca de ese lugar, tantos titulares, tantos testimonios que seguían vigentes, tanta oscuridad desconocida durante tanto tiempo. Y ahora estaba allí, tan cerca de mi, como llamándome, como queriendo abrirse desvergonzadamente, dando alaridos de socorro y gritando...¿ Aquí estoy ?...he sobrevivido. Entonces caminé,...sola, como no queriendo llevar testigos al encuentro,...quizás sí, hasta queriendo ser delatada por tanto atrevimiento. Al principio no encontraba nada, porque tanto recuerdo parecía haber desgarrado la historia. Era increíble ver cómo el número que la identificaba había sido cambiado para confundir y desviar la atención de muchos. Ahora era LONDRES 40,...el 38 había desaparecido con un pincelada de olvido, como queriendo decir que nunca existió, como queriendo plantear el nacimiento de una nueva leyenda. Pero nada de eso habían conseguido. Ahora eran tantos los que estaban allí que ya no podían acallarlos. Sus puertas se habían abierto; era como un despertar,...el día en que las grandes alamedas y los espacios históricos de Chile recibían al pueblo, abriéndose a la ciudadanía, a aquellos que, día a día, se sumergían en el cemento de estas calles, aturdidos por la vorágine de sus vidas, siendo incapaces de ver y escuchar al rugiente torbellino que los había aturdido.




En la puerta el saludo era contenido y cohibido a la vez.Por momentos susurrantes, como asistiendo a un funeral. Es que en realidad lo era. Asistíamos a un funeral histórico aunque los cuerpos no estaban presentes.Adentro sólo había espacios vacíos, amplitud de espacios que hacían pensar y confundían la mente. En ese instante era imposible permitirse pensar, porque cada pared, cada escala, cada pasadizo estrecho traía a la mente evocaciones de dolor, de sufrimiento, de flagelación, y todos los que allí estaban sentían lo miosmo. No era necesario ni siquiera preguntárselos , porque la expresión del dolor era visible en sus cuerpos.


Había un salón en la entrada principal donde destacaba un gran chimenea. Tan amplia era que perfectamente podía haber cabido en ella un cuerpo maniatado. Y allí, nuevamente, esa imagen me produjo estremecimiento. Avancé , como avanzaban todos, y descendí por una angosta escalinata hasta dar con unos pasillos subterráneos, oscuros y húmedos, donde también podía sentirse el abandono y la humillación de los cuerpos desnudos y ensangrentados. Entonces comprendí por qué nadie había escuchado los gritos desgarradores,...y las risas burlonas de los jeques. Ya no soportaba estar allí, ese lugar mantenía una carga de maldad y una relación con la muerte que se negaba a partir y, ahora, cuando cada lugar, cuando cada rincón se abría a la vida, los muertos parecían resurgir agonizantes, aclamando piedad. Se aferraban a nosotros, como queriendo aferrarse a la vida, como aspirando a la posibilidad de continuar,...como queriendo volver a existir.


Televisores en varias de sus habitaciones mostraban videos con fotos y datos personales de cada uno de los caídos. Había de todas las edades, hombres y mujeres de las más variadas condiciones sociales. Los nombres se agolpaban , unos tras otros, interminablemente, y muchos de los asistentes se mantenían allí, de pie frente a ellos...como rindiendo culto a su dolor...¡Yo también me detuve !,...y como ellos también me estremecí. Luego inicié el ascenso por una angosta escalera de caracol donde no era posible que dos personas se cruzaran. El que subía debía hacer un gran esfuerzo,como pegándose a la pared, para dejar pasar al que bajaba y los pies había que ubicarlos precisamente sobre cada escalón para evitar una caída. Llegué al tercer piso, a aquél que parecía comunicar con el infinito, con el azul profundo que sólo se podía apreciar al asomarse al balcón por el ancho ventanal que permanecía abierto. Este era un lugar refrescante, un espacio donde era posible aclarar las ideas, una pequeña luz que nos abría al mundo y nos volvía a enlazar con una razón._¿ Cuál razón podría ser aquella ?-me dije-...y allí me detuve.Por un instante pensé en escapar de allí. Ya no necesitaba ver más para saber lo que allí había pasado. La voz de una mujer me obligó a detenerme. Su nombre no lo recuerdo, pero qué importa...¿ Para qué recordar nombres si entre tantas víctimas su nombre era sólo un recuerdo ?


Eran muchos los que estaban allí a su alrrededor, y en las bocas de los asistentes las palabrs parecían haberse olvidado.Sólo la vibración de su voz pausada y conciliadora golpeaba palpitante nuestro oído.


La narración de su dolor parecía estar allí agonizante, con el olor de carne quemada, con la sensación de las agujas penetrando en sus uñas, con las cadenas atadas a sus pies y con las manos atadas a cada extremo de " LA PARRILLA " y, allí, frente a nosotros los cables eléctricos aún conectados, como queriendo revivir aquél pasado. Parecíamos escuchar los silentes alaridos,...aquellos gritos de auxilio sofocados por una boca clausurada, aquél palpitar agonizante de un corazón que se resistía a morir. Y luego humedad;...mangueras desbordando chorros de agua sobre las heridas sangrantes, para luego volver a empezar.


Los rostros de los presentes parecían retorcerse con el horror que les provocaba aquél relato pero, lejos de sorprenderse, aquello los llenaba de espanto. Cuando por fin los labios de la mujer guardaron silencio una muchacha se acercó a ella, besó sus mejillas y la abrazó largamente. Entonces,...una vez más la mujer habló. Ahora fue breve y sus palabras no reflejaban rencor.Sólo dijo _ " ¡ No quiero que sientas pena por mi !,... Valoricen mi experiencia y aprendan de mi dolor para que aquello nunca más vuelva a ocurrir.

sábado, 22 de agosto de 2009

AMOR EN EL MAR ( letra para canción )


Como el mar en las sombras


te encontré,


y como a la marea


te besé,


fuiste un suspiro


en el atardecer,


penumbra gris


que se negó a volver.





Y respirando el aire


me quedé,


contemplando la luna


te llamé,


fuiste la estrella


que me iluminó,


interminable azul


que no volvió.





Intentaré...navegar desde ahora


entre mares de luz,


y sostenerme en la aurora


antes de amanecer,


penetraré...los espacios ocultos


del mar,


y en mi danza de algas yo


te volveré a buscar.





Ahora que la luna


ya no está,


que sobre el agua nada


sigue igual,


miro las luces


del atardecer,


y entre la arena empiezo


a recordar.





Brisa,que me aprisiona


más y más,


atrévete de nuevo


a regresar,


no te quedes anclada


en otro mar,


las aguas van y vienen


sin cesar.





Intentaré...navegar desde ahora


entre mares de luz,


y sostenerme en la aurora


antes del amanecer,


penetraré...los espacios ocultos


del mar


y en mi danza de algas yo


te volveré a buscar.